
Cuando las estrellas oblícuas
de la incomprensión
se bañan en las anestésicas lágrimas del olvido,
los días se pasan
como dardos afilados
rasgando la piel del incauto
dejando su marca indeleble
en la mente del testigo.
Gritos que se escapan
entre dientes apretados,
empujan las lágrimas rojas
hacia el frío exterior del espacio
donde las palabras mortales
de los labios del Destino
son arrojados con alevosía
sobre los párpados de la alegría,
sofocando las sonrisas
ahogando el entusiasmo
a causa de la sangre
que corre por las venas de lo alguna vez
fue un sueño anhelado,
y que hoy no es más
que un recuerdo errumbrado
en medio de miles de páginas de imágenes castradas,
que no tienen cabida
en los pulmones del pantano
que hoy se transforma en abismo oscuro
e incandescente,
dispuesto a devorar en un instante
al curioso obervador de la muerte de la Muerte
a manos del escriba...
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