
Cuando las palabras
duelen en el alma
más que certeros dardos envenenados,
las lágrimas silenciosas
de un hombre consciente de sus errores,
ruedan a través del vacío
que produce el gentío de sombras lúgubres
que danzan en círculos
alrededor de un corazón triste.
No juzga a la emisora de esas palabras
no grita, ni patalea
no se desespera tanto
tratando de contener el caudal de lágrimas
que queman sus entrañas.
Ahogado el pecho, el aire busca ingresar
a los pulmones,
tratando de sanar los dolores
del laceramiento producido
por sus propios errores
que tienen como consecuencia
los enojos aterradores
de su princesa de cuento.
Llueve hoy a barlovento
dirigiendo la embarcación suicida
del escriba maldito,
produciendo arcadas al océano
que se lo trague,
produciendo erupciones de ira
al volcán que hoy lo ignore,
produciendo una muerte lenta y dolorosa
a manos de las palabras
que sus dulces labios
alguna vez dispararon.
3 comentarios:
Que no te dañen mas esos dulces pero mortíferos labios
Besos y amor
je
Ahogado el pecho el aire buscar ingresar.
Me recuerda a esa sensación de estar escuchando algo que te mata, ue no querías saber, pero ya lo sabes, y el tiempo no quiere morir, pero tu quieres dejar de respirar, es uno quién no deja entrar el aire y no el contrario. Saludos
Hola!
Gracias por tu comentario en mi blog ;)
Me gusta la música que suena en tu reproductor, le da buen ambiente a los textos.
Un saludo!!!!
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